DEJARSE LLEVAR. DISPARAR. ACEPTAR

Divagar, perderse por las calles sin saber lo que andas buscando porque en verdad no buscas nada. Dejarse llevar mientras esperas que algo te encuentre a ti. Y ese algo puede ser cualquier cosa. Una mirada, una esquina con los colores de Boca, un alfeizar sobre cual alguien dejó un costillar perfectamente colocado. Un costillar del que nada más podremos saber.

Historias contenidas en esos retales de vida en forma de fotografía que uno va acumulando sin pensar, por puro impulso. Pero sabiendo que, al volver a casa, toda esa irracionalidad pasará a manos de la razón que todo lo ordena y le da sentido. Es en ese proceso racional en el que aparecen los referentes y nos sirven de guías. Es evidente que las referencias visuales nos ayudan a construir nuestros relatos buscando similitudes con trabajos de otros autores o autoras que nos han influenciado, y a la vez queramos aportar algo diferente a lo que ya conocemos.

Como decía antes, fotografío sin pensar demasiado, dejándome llevar. Revisar lo disparado nunca es fácil. Uno siempre encuentra tan solo bocetos. Notas inacabadas de vivencias que fueron mucho más interesante que aquello que nos devuelven las fotografías. Pero con el paso del tiempo y así como se disuelven los recuerdos de lo vivido uno va aceptando lo disparado al igual que lo vivido.

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Toni Amengual independent photographer